dijous, 24 de març de 2011

Hijos de... (y no de puta), que desbancan a futuras promesas.

Siempre hablan de los mismos, de los que viven en sus grandes casas en Los Ángeles. También sobre todos los que gracias a su dinero, (y a la capacidad que este proporciona al conocimiento) estudian con sus maletines de cuero y sus portátiles en Harvard, Cambridge o cualquier semejante. Ellos son realmente el futuro del mundo, los que según las estadísticas llegaran a presidentes y serán multimillonarios viviendo felices en sus mansiones blancas de ventanas azules. Y en esto que en una de esas fiestas, uno quiere probar aquello de lo que todos hablan. Acaba siendo un adicto más, y poco a poco deja de ser el chico será convirtiéndose en el niño de papa que nunca supo lo que quiso.
¿Lo mejor? Que aún se siguen muriendo de hambre posibles Einstens que darían la vida por salir de ese infierno y tener un poco de educación.

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