dijous, 26 de desembre de 2013

¿Podemos estar más corrompidos? Hemos decidido aferrarnos tanto a nuestras propias utopías y convicciones que solamente nos estamos quedando con egoísmo. Movilizamos millones por pintar líneas y no por luchar contra leyes como la del aborto. Parece que salir e huir sea la única opción, o de entre todas la mejor alternativa. Estamos llenos de arena y cerramos la ventana esperando que no entre más, pero seguimos con la que teníamos dentro. No estamos limpiando la mierda, no estamos creando un mundo mejor, no estamos luchando por mejorar la sociedad y las conciencias, estamos luchando por alejarnos y amurallarnos. Por ayudar a fuera y vivir mejor nosotros. Supongo que no es fácil, cada uno piensa lo que quiere, como quiere o como alguien ha decidido que así sea. Pero hay cosas que no tendríamos que permitir, como la libertad de pensar y decidir por uno mismo, la libertad de recibir una educación libre y sin juicios sociales de moral ni de religión. ¿Cómo seguimos aquí sentados? ¿Cómo podemos permitir que a pesar de poder conseguir un folio en blanco y llenarlo con algo mejor esperemos que otros lo hagan? ¿Porqué colgamos banderas del balcón y no pancartas? Me jode el prejuicio de los tópicos y de los sitios, como si el origen te hiciera ser quien eres. Como si fuéramos mejores que los demás. Estamos demasiado corrompidos, demasiado saturados como para ver con claridad, pero yo no quiero vivir en un país mejor donde no tengamos problemas con conseguir trabajo y generar riqueza; quiero vivir en una sociedad donde uno pueda ser lo que quiera, donde no permitamos que la gente se muera, literalmente, de frío en la calle y nosotros estemos tirando la comida que nos sobra. Donde seas de donde seas puedas sentirte como en casa y puedas ser tu mismo. Quiero un mundo que no viva para destruirse todo el tiempo a sí mismo y a los demás. Estamos más pendientes de pintar líneas en la tierra que de limpiar las fronteras que tenemos en la cabeza. Me jode, sí; pero no tanto como los que hacen que tengamos que estar luchando todo el tiempo.

dijous, 14 de novembre de 2013

dissabte, 19 d’octubre de 2013

quiero cerrar ese círculo

Ya no somos gente triste, estamos solo en un bucle insignificante que viene y va, pero eso no lo es todo. Es otra fase. Todo sigue igual, a mejor y sin viento azontando. Está volviendo el frío, está todo como siempre, como debe ser. La esencia vuelve a ser solo eso, ya no hay medias sombras, esas que inventamos y que nunca estubieron allí, por ahora. Y eso de algun modo es bueno. Ya no está el salir a la calle y plantearse si eso puede ser el avance o el paso atrás definitivo. No hay puntos de inflexión, solo pausas. El mundo sigue igual de puteado y va a peor, nosotros vamos a peor. Pero creo que por una vez, otra vez en esta pausa, eso no se convierte en el fin. Es raro volver a los ataques, a no saber que arde en las entrañas, en no saber como empezó todo esto, pero ahora el enfoque es distinto. No me siento corrompido, no me siento traidor, no me siento a punto de desvanecer entre viento y dejar que me arrastre. Estoy a punto de soltar yo el viento, a dejarme llevar por él y no ser arrastrado. Siento que las cosas están cobrando sentido, veo el porqué llevo tanto escribiendo para nadie, veo que esa nada a la que le escribia era yo mismo. Me siento libre, me siento sin cargas. No hay un quizás de doble filo de los de siempre, está vez no. Los dos años que planteaba cuando por primera vez lo escribí como escape llegan ahora, después de cuatro años perdido. Empiezo a ver, a verme desde otra perspectiva distinta. Y creo que he llegado a ese lugar, de momento.

  a mi madre

dijous, 3 d’octubre de 2013

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Vuelvo a ese estado oscuro, 
sucio y recóndito. 
Allí donde no queda nada, 
solo un agujero. 
Cojo aire, lo mantengo y se va. 

Empiezo a notar de nuevo el frío, 
el frío de los abrazos, 
de los pasos de la gente, 
de mi. 

Y no hay quizás,
no hay posibilidades. 
Me encierro en ese agujero, 
busco el aire perdido, y, 
y solo me encuentro con mi frío. 


Soy yo a dos pasos de mi, solo, rodeado de gente.

dimecres, 18 de setembre de 2013

raro.


“Sé normal”. Me lo dijo así, de golpe, añadiendo un simple “o intenta parcerlo”. Eso caló muy hondo, eso me quemo por dentro y quise aniquilar a esa subespecie de persona que se creía en derecho a elegir, o etiquetarme de raro simplemente por no ser como él. Por no tener ese tipo de padres conservadores, por no tener esa familia unida e inquebrantable, por no llevar los tejanos típicos y sobretodo, por no ser como era él. Luego empezó a exigir otro tipo de cosas, lo único que dejó intacto fue el color de mis ojos, parece que le dan miedo por ser demasiado fríos, y parece que eso le gusta, alguien que no transmita nada con la mirada.
Se ve que solo aquellos que pueden clasificar con etiquetas estúpidas son los únicos que no pueden recibirlas, eso sería demasiado y demencial. Sería cretino e impertinente por nuestra parte responder a una agresión constante. Resulta que solo aquellos que se creen mejores pueden serlo. ¿Y los demás? Los demás solo formamos su paisaje, somos los teloneros, el público y la función. No valemos para nada, no tenemos derecho a nada, solo a ser observados, a ser maltratados y a dejar que otros nos controlen. Y quizás ese es el problema, que no valemos nada porqué no queremos ese tipo de valor, ese valor que se da a los objetos en función de su calidad, de su coste y de su aspecto. Quizás por no querer entrar en el juego nos quedamos como piezas del suyo. O eso es lo que deben creer cuando entre carcajadas paran un momento para observar tu lamentable aspecto “raro” y luego seguir con sus risas a través de ti. 
Creo que su problema es no saber vivir solo. No saber estar sin gente todo el tiempo que este dispuesta a entregarse a su causa inútil a mi parecer. Por no tener esa sensibilidad por cosas que no son nada más que objetos que han adquirido, por no tener esa capacidad de emocionarse con canciones de cuatro acordes. 
Añado: El término “raro” se aplica para ambas partes. Los raros son ellos también. Los serán siempre que alguien no sea como ellos, lo serán cuando sean capaces de contaminar un parque natural con sus botellas y te griten por tener tu cuarto desordenado. Lo serán cuando te acusen de ser el raro, y lo seguirán siendo cuando te desprecien y al mismo tiempo se desprecien a ellos mismos. 
Los raros somos todos.
Nadie puede querer ser raro, ni nadie puede dejar de serlo. Aunque esto, para muchos, es relativo según su esquema social, según el patrón de comportamiento que tienen que seguir en todo momento. Por eso de no ser “políticamente correcto”. Y bueno, no he encontrado ese esquema que sigue un régimen autoritario creado por una élite de traumatizados que quieren que todos vivamos a su manera. Aún no encontrado tampoco en ese régimen nadie que sea capaz de ser siempre “políticamente correcto” todo el tiempo. ¿Quién coño decide el régimen y quién es tan sumiso como para asumirlo? 
Todos. Pero nadie lo va a reconocer. Después de todo queremos ser raros sin ser despreciados, queremos ser raros porqué ser raro solo resulta ser uno mismo sin prejuicios. Queremos ser raros sin ser raros para nadie. Y en las rarezas yacen todos los detalles que, por miedo a ser descubiertas, tenemos escondidas de nosotros mismos y de los que pueden impedirte ser quien eres.
Pero en mi utopia existe eso de no obedecer a las conductas sociales, a lo que está bien porqué siempre ha sido así, a dejar de hacer lo que queremos por la opinión pública. No sé puede vivir con miedo a dejarse llevar, a estar demasiado borracho para ocultar lo que somos, a no poder estarlo por miedo a ser descubierto en ese estado “lamentable”. Y todos los sábados, esos que nos miran raro aparecen con sus vasos en las manos, con sus elegantes y mejores galas dispuestos a tener “una gran noche”, a tenerla a costa del alcohol y las drogas que luego no se pueden tomar de día porqué eso es de degenerados y desvergonzados. - Sé que pensaría mi padre de todo esto, que eso son excusas de drogatas y gente perdida para encontrar una razón. Él ha encontrado esa razón en la política, en el engaño, en la manipulación, en la hipocresía, y al parecer se esta añadiendo la religión “porqué nunca se sabe”. Al parecer yo de mayor voy a ser como él, que mi utopia morirá por ser simplemente eso, algo irrealizable, y que mi trauma me hará perderme hasta no poder saber a donde voy. ¿Pero sabes? Ahora tampoco lo sé, ahora no sé si estoy eligiendo rumbo, camino, futuro o si esto es solo una manera fácil de huir de aquí. Quizás solo estoy buscando tolerancia, quizás solo quiero ampliar mis miras, o quizás lo único que quiero es que dejes de tratarme como un un tipo raro e incomprensible. Pero eso me importa poco, tu opinión es casi tan lamentable como las mentiras contaminadas de la televisión y la prensa. Es casi tan lamentable como que te hagas político para sentir que aún controlas y tienes autoridad sobre alguien. Casi tan patético como es que tu tolerancia sea igual que la de todos los que viven por poner etiquetas. 
O no, al final tendrás razón en todo, yo seré el patético, yo estaré perdido y tu vendrás, exaltado por la emoción de estar en lo cierto y sacarás la carcajada al ver mi estado lamentable. Cuando lo único que a veces necesitamos todos es que nos miren y nos ofrezcan ayuda, sentirnos que podremos salir del pozo. Y a veces el pozo simplemente lo crean los demás para auto-convencerse de que son normales y que tu has entrado en bucle, un bucle que te está matando.
Eh, y tu, hablo contigo, tu también eres raro.


dimecres, 15 de maig de 2013

a finales de este círculo,

suena de fondo el rodillo de otra pistola, esta me apunta desde un lado, y yo tembloroso empiezo a caminar, sujeto de alguien que está intentando que no caiga en este abismo. De nuevo me azota un pitido que me estremece, han vuelto esos gritos en mi cabeza, y creo que no sé como escapar de ellos. Nada está funcionando, excepto el negativismo que llevo dentro, que me hace pensar que solo sirvo para derrumbarme, para tener que estremecerme por no ser yo y a la vez me pide a voces que sea yo, que grite todo lo que me está azotando por dentro. Y no sé salir sin dejar que mis entrañas no empiecen a arder. Curioso es que la primera vez que oí esto lo encontré una ridiculez, y ahora no encuentro más palabras para describir lo que siento, ese ardor y esos gritos. No hay bloque de hielo, ni viento que va y viene. Soy yo, a solas con algo que no puedo ni poner en palabras, algo que quizás no es más que un aislamiento contra todo y el no tener la capacidad de estar completamente lúcido, ordenar mi cabeza y sacarle algo que mi diga que sí, que esta vez puedo. Pero no, eso no va a suceder, como tampoco voy a poder el miedo escénico con los que ya no son desconocidos. Cuanto menos conoces más puedes dar, y ser uno mismo. Es fácil. No hay prejuicios, no hay verdades absolutas ni conocimiento sobre todo esto. Solo somos dos sujetos aleatorios que hemos empezado a hablar, por desahogarnos, entre humo y palabras perdidas. Somos aire enrarecido que se cruza y se desvanece. Y tú, - que soy yo, ¿me recuerdas? -.

divendres, 5 d’abril de 2013

Si la sociedad no está enferma, el enfermo soy yo.

Y después de todo seguimos vivos. Ni todo el hambre del mundo que no estamos sufriendo, ni todos los huracanes que tampoco han destruido nuestras casas, después de poder tener todo lo que queramos a pequeña escala, después de todo seguimos vendiendo nuestra infelicidad. La gran desdicha de no poder tener más de lo que necesitamos, ni poder tener al alcance de la mano lo que muchos tampoco van a tener. No vivimos a golpe de pistola, vivimos a golpes porqué las palabras han recuperado su voz, aunque para muchos sea una voz muda. Las diferencias se han vuelto extrañas casualidades que nos llevan aquí, nos llevan a no tener nada que ofrecer excepto lo que somos, lo que cantamos, lo que escribimos, lo que suspiramos y sobre todo lo que no nos damos cuenta que se está muriendo alrededor. Y aunque tampoco vivamos en el mejor de los mundos, no estamos en el peor (aunque parezca que tengamos un afán insaciable de hacer explotarlo todo). Me he cansado de películas con finales felices, de que solo podamos entrever lo que algunos nos dejan, que no resolvamos nada y todo se cubra con otra desgracia. No sé cómo ha acabado ninguna, ni porqué esto me puede llegar a consumir tan deprisa. Lo sé, soy consciente de eso, y ni mis evasiones me alejan de mi alrededor, ya no es tan fácil desconectar, ni poder dejar de pensar. Hay una sobrecarga de información que no me deja acabar las palabras, que no me deja respirar y las luces de estas calles solo nos protegen de nosotros mismos, de hacernos preguntas, de afrontar el miedo a la oscuridad y a la vez nos dan esa sensación de que no sabemos vivir sin luz. Alguien debería cerrar los ojos, alguien tendría que callarse y yo, yo sería tan solo un espejismo de alguien. Un tipo que se cruza un susodicho con nombre y al que no presta más atención que una mirada decepcionante. Suerte que los espejismos no sienten las miradas, no hacen de ellas un todo y tampoco tienen más significado que el del susodicho que la lanza. Lo único que me da pena es ser tan decepcionante para la gente que no aprecia las pequeñas cosas, siento pena por ellos por no poder abrir sus miras, por no tener esa capacidad de emocionarse con nada más que su dinero, por no poder salvar a nadie por más que escriba y lo intente. Quizás el enfermo soy yo, o quizás solo soy un tipo decepcionado por querer abrir mi mente y solo encontrar banderas y fronteras que evitan que lo bueno y lo malo de un sitio se contagie en otro.

dimarts, 26 de febrer de 2013


Mi esencia se diluye cada día un poco más. Otro paso en falso para no llegar a ninguna parte. Me siento tan atado a todo que me veo incapaz de sentirme libre ni de sentirme yo. Si ya no puedo ser esa esencia no puedo ser nada, y quizás lo único que quiero, lo único que necesito es empezar a controlar lo que yo quiero. A dejar de tener dependencia hacia todo lo que me rodea, aunque intente evitarlo. Como no voy a tener prejuicios si siento que todo lo que me envuelve es aire e hipocresía. Como no voy a estar eternamente enfadado si lo único que obtengo son gritos y fracasos. Como no voy a querer irme y saber quien soy cuando veo que todo el mundo vive enfadado con la vida que lleva o con la que llevan los demás. Y tal vez sea otro buscador de su utopía, quizás estoy tan perdido que solo puedo ser caminante y tal vez así evite convertirme en todo lo que tanto me repugna, evitar ver que mi vida esta predestinada a estudiar, trabajar, ser viejo y lamentarme del tiempo que no he tenido para mí. Solo espero que el camino no se convierta en destino, y que a la mínima tenga que volver a refugiarme a este mundo cada vez más decadente. Me he cansado de intentar cambiarlo y de luchar para que no me cambie. Me he cansado también de tener que inventar excusas por hacer lo que realmente siento y de tener que evadirme de todo. Me he cansado de la vida que llevo, y no quiero, no puedo ver cómo va avanzando y yo dejo que todo suceda. Tal vez el frío ha dejado que todo lo que ardía en mis entrañas se desvaneciera y por fin veo algo a lo que agarrarme, ese suspiro que se aleja, pero que esta vez no voy a dejar que se vaya sin mí. Ya nada me importa, ni yo, ni mi vida, ni el futuro, solo me importa sentir que no estoy aquí para encontrar un trabajo de mierda con unos horarios que no me dejaran ni respirar. Esta vez no, voy a dejar que lo que considero estupideces desde hace años se conviertan en prioridades. Tal vez así consiga ordenarme, o tal vez consiga ser esa soñada esencia.

dijous, 10 de gener de 2013

Vacío

Quizás sí. Estoy más susceptible de lo normal. Mi cabreo ha aumentado a medida que el cúmulo en el que se ha convertido mi vida ha crecido. Soy incapaz de estar pendiente de nada, de concentrarme ni de ser yo. No puedo respirar sin dejar de pensar un solo instante en que me voy a derrumbar en cualquier instante. Y lo peor es que he conseguido llorar, y para mi llorar no es retroceder, ni algo de lo que avergonzarme, es notar que estoy volviendo a sentir, a tener emociones dentro de mí. He dejado de ser esa ameba que se alimentaba de la nada que lo rodea, aunque sea incapaz de relajarme, de dejarme llevar ni de dejarme querer. Odio la soledad, la soledad de este frío de enero. De este año que se presenta delante de mí como otra etapa a sufrir para no obtener nada. Me he quedado en blanco, y todo yo no dejo de escuchar el viento azotando mi ventana cada vez que se acaba esta maldita canción que nunca acaba. El bucle ha podido conmigo, con todo lo que ya creía perdido, absurdo y deshecho. No entiendo como aún consigo dormir, aunque tarde demasiado en conseguirlo, aunque solo sea por unos instantes. Y al dormir no tengo sueños, tengo tantas aspiraciones, tantos viajes mentales y tanto caos que ni en mi subconsciente puedo crear un mundo mejor, una vida mejor ni un yo mejor. Solo me quiero evaporar entre el ronroneo de la gente que asustada se aleja ante mis gritos de impotencia, ante mi constante cabreo con todo y ante mis ojos, rojos de bailar con la mala suerte. No quiero vivir aquí. No puedo seguir aquí, y mucho menos como lo hago ahora. He rebuscado entre mis recuerdos, casi borrosos, el motivo de todo esto y no encuentro una manera de escapar, de relajarme.
Quizás sí. Quizás yo sea el jodido problema y eso es todo. O quizás no. Quizás ya no queda nada de mí dentro de este cerebro que va recitando a mis manos todos estos pensamientos absurdos, todos estos silencios y toda esta oscuridad que me revuelve las tripas, las entrañas. Aunque nadie nunca vaya a saber lo que arde dentro de mí, ni tan siquiera yo mismo.