dimecres, 25 d’abril de 2012

Por tu orgullo, tu afán de gloria y por querer tenerlo todo por fuerza y no por cariño. Adéu papa.



Deseo con tanta fuerza que esa burbuja que le rodea exploté de una maldita vez que me rompo solo en pensar que él sigue regodeado en su gloria de ser perfecto. Jodido azar, es tan estúpido por dejar que alguien tenga hijos como si fueran muebles para vender, para dar o para lanzar a la más mínima. A su lado me siento como un perro abandonado, me siento como si todo lo que me pasase jamás pudiera explicárselo. ¿Para qué? Tengo 16 años y todo es una mentalidad de estúpido influenciado por el entorno con opiniones propias y no con cosas que han pasado, con hechos. Hechos. La gran palabra que desconoce. Las cosas pasan, yo lo vivo y no se da cuenta. No se quiere dar cuenta. Su preciosa familia de “Pin y Pon”, en su caso, de quita y pon para mi, ha hecho impedirle ver que nosotros seguimos aquí, con todo lo que cargarnos encima y que nos ha ido dejando intentando entender el porqué de tanta destrucción contra nuestra persona.
Y después de tanto traqueteo, de tanto sin sentido y de tanto grito desmesurado me voy con la sensación de haber perdido más yo de lo que él en realidad ha podido perder. Dudo que aún se haya dado cuenta de esto. Y con esto me refiero a su hijo, el susodicho en cuestión yo mismo.
El día que quiera tener un hijo ya me vendrá a buscar, pero para ese entonces tal vez ya no me encuentre. Cuatro años siendo su saco de boxeo dan para una lista tan absurdamente larga que ni todo el oro, ni promesas, ni tan siquiera un abrazo (algo que no recibo por su parte desde hace incontable tiempo) podría cambiar el futuro que se ha buscado con sus hijos: la soledad de una familia perdida. Por su afán de gloria y por sus ganas de querer tenerlo todo por fuerza y no por cariño. Y por todas las veces que hubiera deseado que hubiera venido a por mí y haberme podido romper en sus brazos,
adéu.

Y aunque no lo creas, me encantaría tener un padre,
y poder decir que estoy orgulloso de él.

dijous, 12 d’abril de 2012

Deja que pasemos sin miedo.

¿Que salió mal? ¿Qué paso para acabar rompiendo con todo, para acabar tan lejos y volver a estar tan cerca? ¿Por qué parece que cuando más lejos estamos es cuando más nos necesitamos? De lado no sabemos funcionar, no sabemos ir cogidos de la mano, ni sonreír sin parecer estúpidos, no sabemos estar tiempo juntos, ni mostrar nuestro amor hacia el otro. No sabemos hacerlo al estar juntos. Pero cuando te vas, cuando me voy parece que todo está perfecto. Somos estúpidos. Somos jodidamente estúpidos. No sabemos ni hablar sin suspirar, sin dejar de mirarnos a los ojos. No sabemos nada el uno del otro, ni queremos saber, que es el problema y la solución. El anhelo de querer saber y la sensación de conocer hace que todo esté perfecto. No tendríamos que haber hablado tanto, ni yo haberte escupido todas las cosas, ni tu haber callado y aceptado con la cabeza. ¿Dónde queda el riesgo de quedarnos solos? ¿De dejar de estar pegados y tenerlo todo solucionado? ¿Dónde cojones se han ido mis noches llorando y mis días riendo? Dónde estás que creo que te he vuelto a perder. Imagínate sin amor, la vida tampoco es tan triste, pero deja de ser complicada por momentos, vacía pero fácil. Aunque parece que estamos condenados a buscarlo eternamente. No nos sabemos conformar con nada –jodida especia de inútiles que siempre queremos más-.
Y en medio de todo apareciste tu. Y creo no haber sido tan feliz, ni tan lleno. Toda mi seguridad reposa en ti.