diumenge, 27 d’abril de 2014

Si somos páginas en blanco y no tenemos guión, ¿porqué no paramos de caer en el mismo bucle siempre? Construimos búnkers de papel para escondernos de ciudades en llamas y del diablo. ¿Cómo y cuando entramos en todo esto? ¿Cuándo empezó todo a derrumbarse? ¿Cuándo los gritos se convirtieron en palabras y las palabras en vacíos? Nadie es capaz de decirlo, ni de entrar en las entrañas. Solo somos odio que corroe a los demás y a nosotros mismos. Odio, a veces es lo único que nos queda, odio y drogas que nos hacen creer que todo está bien. Y cuando se acaban las drogas se quema el búnker y empezamos a arder, desde dentro. Cada vacío se vuelve un cuchillo que nos impide tragar más poesía barata, aunque ¿qué coño es poesía en este mundo de gritos? Nada, pero pensamos que cualquier verso mal escrito puede reconstruirnos o matarnos poco a poco creando muros contra los demás. Muros que no quieren derrumbarse nunca y que solo sirven para sentir que cada vez somos entes más fríos y distantes. Y a pesar de los muros seguimos creando fronteras para sentirnos un poco más (in)seguros.