dimarts, 14 de desembre de 2010

Cuarto movimiento: la realidad.


El colacao que nunca llegué a beber no estaba ardiendo como les dije a todos simplemente no tenia hambre y no quería que nadie se diera cuenta, igual que no, no se rompió sin querer la foto del comedor, lo hice aposta. No soportaba esa imagen, ni el marco, ni nada de lo que había a su alrededor. Solamente, no, no osé nunca, nunca, jamás a mirar esa imagen. No estaba dispuesto a hacer el gilipollas ahí delante. Me niego, no le tengo devoción, ni debo tenerla. Ah, me olvidaba, ¿sabes?, tus fotos cuando caen de la pared no se las traga el borde del armario, me las trago yo. Las tengo dentro de una caja, escondida, no sé dónde, pero están todas allí. Hasta la que salimos tu y yo. no te tengo odio, aunque me sobra esa cursilada, lo digo enserio. Vamos ya sabes que a veces me olvido de hablar cuando es necesario, o de callar, o de parpadear, o de ser tonto, o de serlo demasiado, o de no ser detallista, o de que tantas o's no me gustan nada.
Adoro la aroma del café, siendo lo más amargo que tomo seguramente, o el sabor tan ácido de un limón, adoro ir en coche y escuchar música, perderme hablando, no saber que decir y sonreír haciéndome el loco, aquí no ha pasado nada. Y vuelta a empezar, a la misma situación hasta que voy hablando pero no me escucho, solo me fijo en los pequeños detalles, en que tienes el coche guarro, que tienes dos pipas tiradas en el 'bolsillo' de la puerta y odio celebrar mi cumpleaños (recibir felicitaciones de gente que esperará que tu también lo hagas, que se te llenará el muro de estúpidos/as que nunca te dicen nada, y que total que pasar de los 14 a los quince es como comerse tres uvas o comerse cuatro), que te has olvidado de arreglar el cristal y que entra un frío terrible, que te has saltado un semáforo y, que sobretodo, no te has dado cuenta que me he quedado en silencio desde hace demasiado y tú no dices nada.

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