dilluns, 13 de desembre de 2010

Avui el teu àngel no vindrà.


Siento ser de los que aún sueñan, pero esperaba más de la situación. Esperaba que todo acabara en un pequeño y latente: ¡te quiero pequeñajo! Y yo poder acabar sonrojado riéndome en voz baja asintiendo con la cabeza como un esclavo de todas tus palabras, de tu terriblemente provocadora voz de cordero roído por el lobo feroz.
Aunque para mi desengaño fue todo muy frío, como cuando ganas un premio y todo lo que parecía tan bonito se rompe en un “nombre por favor”. No fue tan brusco, de hecho me hubiera muerto si alguien en ese instante me lo hubiera pedido, simplemente el móvil decidió por si solo ponerse a dejar silbidos que marcaban la hora de irse. Nunca me pensé que el tiempo pudiera pasar tan rápido y lento al mismo tiempo en menos de treinta segundos. Son más putas las horas que pasan entre salida y vuelta a la llegada, que las horas que hacen las putas de la calle. Aún así no puedo quejarme, de nada a esto hay un abismo, igual que el vacío que queda entre los segundos que van pasando. Tortura, fugacidad de los parpadeos, respiraciones que no acaban, suspiros, miradas obsesivas del reloj, acabamiento de la poca saliva que me pudiera quedar y de golpe, cuando ya lo tienes todo decides planteártelo.
No, esto te hará más daño que bien. Ni dos horas para toda una semana llorando te valen la pena, ¿realmente? Y poniendo los cojones en beneficio propio, ignorando todo, lo afirmas de una manera terrible.
Algo dentro de ti se paraliza y te empuja al mismo tiempo, te arrastra a la muerte y a la vida. Algo que no puedes decidir, que tu cabeza no logra entender, que recorre tu barriga hasta explotar en los labios que explotan contra lo que tienes delante. Eso que llevabas esperando todo el día y que estas dejando escapar todo ese tiempo en palabras y frases estúpidas entre cada beso.
Después no hay nada, un triste silencio. Se acaba todo y mueres tumbado en tu cama pensando en los tiempos perdidos hablando y no en los besos. Te autodestruyes, te pones en lo peor y acabas degollado esperando otra oportunidad. Que siempre acaba llegando, si no mueres antes claro, que acabara pasando lo mismo. Si fuera demasiado fácil se llamaría guerra y no amor, porqué es más fácil ir matando gente que no acabar con uno mismo y mantener a otro.

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