dissabte, 30 d’agost de 2014

De todas las historias que nos han contado y de todas las maneras en las que nos han enseñado a vivir me quedo con todas las que llevan a plantarle cara. Somos el caos que nos ordena y nos mueve intentando “mantener la compostura, a duras penas, lo que dura el cuerpo”. 

¿Y qué más da si somos cínicos, si no encontramos la paz en ninguna parte y si somos nómadas? 
¿Qué más da todo cuando puedes hacer raíces y sentirte en casa fuera de la tuya? 
¿Cuántas veces estaremos condenados y consternados si no hacemos nada para cambiarlo? 
¿Hasta cuando seremos mercancías y no mentes a punto de empezar otra revolución a través del arte? 

Y el arte es la lucha constante contra uno mismo, y cuando te aceptas y crees que te entiendes notas que la lucha es contra todo. No hay paz, no queremos encontrarla por ahora. Viajamos de oasis en oasis esperando encontrar el mar en medio del desierto y poder flotar, tranquilos, por encima de todas las cosas. Queremos poder llegar a priorizar lo colectivo a lo individual, poder decir que no vamos de uno en uno, poder gritar sin quemarse la garganta porqué no es solo mi voz la que grita sino un conjunto

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