No sé querer a nadie, ni a mi mismo. Necesito tantas drogas para sentir, que luego me quedo vacío, en blanco, desnudo y sin nada. Soy un grito a punto de chocar contra la nada. He creado falsos recuerdos en estados que es mejor olvidar, llegando a creer que es mejor no recordar que pasa de noche. Aunque sea a base de alcohol fluyendo por mi cuerpo. Aunque sea creyendo que así puedo ser yo. El problema es que al día siguiente no recuerdo quien era ayer, solo hay oscuridad en mi cabeza. Necesito aprender a dormir por las noches y a vivir de día, con los ojos bien abiertos y sin miedo. Tengo que dejar de intentar fundirme con el viento, porqué ya no sé lo que es brisa y lo que soy yo. He gritado tanto y tan fuerte que ya nadie quiere escucharme. (Creo que nunca nadie ha estado escuchando). Y odio esta noche, odio todas las noches desde hace años. Odio más aún los días. Odio tanto que a veces me olvido de como querer, si es que realmente sé querer a alguien. He acumulado ira, ira y odio durante demasiado tiempo y ahora solo queda el cúmulo del pozo que he ido cavando. Y escribo para sentir que aún hay algo dentro de mí, por hacerme saber a mi mismo que aún me arden las entrañas. Y no, hoy tampoco ha salido el sol a despertarme, estaba esperándolo en esta noche eterna que lleva demasiado sin acabarse. Me jode, pero voy a golpes. A golpes de hipnotizantes, uno tras otro, evadiendo todo lo que está pasando a mi alrededor. No estoy bien en ningún lugar ni con nadie, no estoy bien conmigo mismo. He escrito tanto sobre la hipocresía que ahora solo soy un poco más de ella. Más tóxico y corrompido que nunca, incapaz de recordar(te).
dijous, 27 de març del 2014
dimarts, 4 de març del 2014
diumenge, 2 de març del 2014
que tinguem sort
Parece que vivamos para ser egoístas. Sin importar nada más que uno mismo, sumido en su capacidad de victoria y la intolerancia a quedarse atrás. Luego no sabemos leer si no hay alguien ahí para enseñarnos, ni podríamos ser egoístas si no hubieran otros. Tenemos el alma tan fría que parece que cualquier roce con otros nos vaya a romper. Hemos dejado de vivir, no somos de aquí, no estamos por los de aquí; pero tenemos que estar para todos. Viajan más rápido los bulos, las mentiras y las malas noticias que no todo lo que se le opone. Donde queda uno fuera de ese círculo, cruzándose con cientos de más a su alrededor.
Y nos quedamos alejados de todo,
a distancia,
corriendo marcha atrás,
siempre,
aferrandonos a aquello que ya no tenemos
(y queremos).
Nos hemos partido el alma en pedacitos de sitios y de gente que quizás no volvamos a ver. Pero esos pedacitos son nuestros y no los vamos a regalar. Quizás no tenemos el alma en pedazos repartidos, la tenemos entera resquebrajada y no la dejamos curar ni que huya.
Nos arden las entrañas, de los demonios que necesitamos que nos sigan atormentando, y que parece que si los soltamos nos quedemos sin todo lo que dejamos atrás.
dimecres, 19 de febrer del 2014
you bleed just to know you're alive
El aire está corrompido, es tóxico. No se puede respirar más, no queda nada más. El contacto humano se va perdiendo por nuevas costumbres, distantes y frías. El aire esta envenenado, y lo envenenamos nosotros mismos por no querer sentir que podemos hacernos trizas en cualquier rincón. Hay algo más allá de nuestra capacidad, algo que nos golpea y nos impide hacernos sentir bien. Parece que necesitemos estar siempre tristes y a quilómetros de aquello que hace que las entrañas ardan y nos dé vuelcos el alma. Tenemos vacíos de recuerdos que estamos quemando a toda prisa para intentar llenarlos con detalles insignificantes, manías y prejuicios. Todo es más importante que nuestras convicciones o nuestra capacidad de mostrarnos tal y como somos. Nos cohibimos por miedo al rechazo, a nuestro propio rechazo, y cada vez somos más hipócritas y tenemos menos que sentir y más que contar. Sobran palabras, sobran frases sin sentido y ruidos que no valen nada. Lo peor, lo más inquietante, es que mataríamos por ser abrazados cuando nos estamos desmoronando, pero a falta de parecer cobardes decidimos hacernos los fuertes. De que sirve tanta armadura y tanta distancia si no sabemos convivir con ello. ¿Para qué? Y luego, a solas, cuando creemos que no hay nadie mirando empezamos a destruirnos, a hacernos daño con aquello que nos azota en los más profundo, con más palabras, con más pensamientos vagos y “sin sentidos” como este, que se desvanecen al mismo tiempo que lo hago yo.
dijous, 26 de desembre del 2013
¿Podemos estar más corrompidos? Hemos decidido aferrarnos tanto a nuestras propias utopías y convicciones que solamente nos estamos quedando con egoísmo. Movilizamos millones por pintar líneas y no por luchar contra leyes como la del aborto. Parece que salir e huir sea la única opción, o de entre todas la mejor alternativa. Estamos llenos de arena y cerramos la ventana esperando que no entre más, pero seguimos con la que teníamos dentro. No estamos limpiando la mierda, no estamos creando un mundo mejor, no estamos luchando por mejorar la sociedad y las conciencias, estamos luchando por alejarnos y amurallarnos. Por ayudar a fuera y vivir mejor nosotros. Supongo que no es fácil, cada uno piensa lo que quiere, como quiere o como alguien ha decidido que así sea. Pero hay cosas que no tendríamos que permitir, como la libertad de pensar y decidir por uno mismo, la libertad de recibir una educación libre y sin juicios sociales de moral ni de religión. ¿Cómo seguimos aquí sentados? ¿Cómo podemos permitir que a pesar de poder conseguir un folio en blanco y llenarlo con algo mejor esperemos que otros lo hagan? ¿Porqué colgamos banderas del balcón y no pancartas? Me jode el prejuicio de los tópicos y de los sitios, como si el origen te hiciera ser quien eres. Como si fuéramos mejores que los demás. Estamos demasiado corrompidos, demasiado saturados como para ver con claridad, pero yo no quiero vivir en un país mejor donde no tengamos problemas con conseguir trabajo y generar riqueza; quiero vivir en una sociedad donde uno pueda ser lo que quiera, donde no permitamos que la gente se muera, literalmente, de frío en la calle y nosotros estemos tirando la comida que nos sobra. Donde seas de donde seas puedas sentirte como en casa y puedas ser tu mismo. Quiero un mundo que no viva para destruirse todo el tiempo a sí mismo y a los demás. Estamos más pendientes de pintar líneas en la tierra que de limpiar las fronteras que tenemos en la cabeza. Me jode, sí; pero no tanto como los que hacen que tengamos que estar luchando todo el tiempo.
dilluns, 23 de desembre del 2013
diumenge, 15 de desembre del 2013
dissabte, 19 d’octubre del 2013
quiero cerrar ese círculo
Ya no somos gente triste, estamos solo en un bucle insignificante que viene y va, pero eso no lo es todo. Es otra fase. Todo sigue igual, a mejor y sin viento azontando. Está volviendo el frío, está todo como siempre, como debe ser. La esencia vuelve a ser solo eso, ya no hay medias sombras, esas que inventamos y que nunca estubieron allí, por ahora. Y eso de algun modo es bueno. Ya no está el salir a la calle y plantearse si eso puede ser el avance o el paso atrás definitivo. No hay puntos de inflexión, solo pausas. El mundo sigue igual de puteado y va a peor, nosotros vamos a peor. Pero creo que por una vez, otra vez en esta pausa, eso no se convierte en el fin. Es raro volver a los ataques, a no saber que arde en las entrañas, en no saber como empezó todo esto, pero ahora el enfoque es distinto. No me siento corrompido, no me siento traidor, no me siento a punto de desvanecer entre viento y dejar que me arrastre. Estoy a punto de soltar yo el viento, a dejarme llevar por él y no ser arrastrado. Siento que las cosas están cobrando sentido, veo el porqué llevo tanto escribiendo para nadie, veo que esa nada a la que le escribia era yo mismo. Me siento libre, me siento sin cargas. No hay un quizás de doble filo de los de siempre, está vez no. Los dos años que planteaba cuando por primera vez lo escribí como escape llegan ahora, después de cuatro años perdido. Empiezo a ver, a verme desde otra perspectiva distinta. Y creo que he llegado a ese lugar, de momento.
a mi madre
dijous, 3 d’octubre del 2013
-
sucio y recóndito.
Allí donde no queda nada,
solo un agujero.
Cojo aire, lo mantengo y se va.
Empiezo a notar de nuevo el frío,
el frío de los abrazos,
de los pasos de la gente,
de mi.
Y no hay quizás,
no hay posibilidades.
Me encierro en ese agujero,
busco el aire perdido, y,
y solo me encuentro con mi frío.
Soy yo a dos pasos de mi, solo, rodeado de gente.
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