diumenge, 2 de març del 2014

que tinguem sort


Parece que vivamos para ser egoístas. Sin importar nada más que uno mismo, sumido en su capacidad de victoria y la intolerancia a quedarse atrás. Luego no sabemos leer si no hay alguien ahí para enseñarnos, ni podríamos ser egoístas si no hubieran otros. Tenemos el alma tan fría que parece que cualquier roce con otros nos vaya a romper. Hemos dejado de vivir, no somos de aquí, no estamos por los de aquí; pero tenemos que estar para todos. Viajan más rápido los bulos, las mentiras y las malas noticias que no todo lo que se le opone. Donde queda uno fuera de ese círculo, cruzándose con cientos de más a su alrededor.

Y nos quedamos alejados de todo, 
a distancia, 
corriendo marcha atrás,
siempre,
 aferrandonos a aquello que ya no tenemos 
(y queremos). 

Nos hemos partido el alma en pedacitos de sitios y de gente que quizás no volvamos a ver. Pero esos pedacitos son nuestros y no los vamos a regalar. Quizás no tenemos el alma en pedazos repartidos, la tenemos entera resquebrajada y no la dejamos curar ni que huya. Nos arden las entrañas, de los demonios que necesitamos que nos sigan atormentando, y que parece que si los soltamos nos quedemos sin todo lo que dejamos atrás.


dimecres, 19 de febrer del 2014

you bleed just to know you're alive

El aire está corrompido, es tóxico. No se puede respirar más, no queda nada más. El contacto humano se va perdiendo por nuevas costumbres, distantes y frías. El aire esta envenenado, y lo envenenamos nosotros mismos por no querer sentir que podemos hacernos trizas en cualquier rincón. Hay algo más allá de nuestra capacidad, algo que nos golpea y nos impide hacernos sentir bien. Parece que necesitemos estar siempre tristes y a quilómetros de aquello que hace que las entrañas ardan y nos dé vuelcos el alma. Tenemos vacíos de recuerdos que estamos quemando a toda prisa para intentar llenarlos con detalles insignificantes, manías y prejuicios. Todo es más importante que nuestras convicciones o nuestra capacidad de mostrarnos tal y como somos. Nos cohibimos por miedo al rechazo, a nuestro propio rechazo, y cada vez somos más hipócritas y tenemos menos que sentir y más que contar. Sobran palabras, sobran frases sin sentido y ruidos que no valen nada. Lo peor, lo más inquietante, es que mataríamos por ser abrazados cuando nos estamos desmoronando, pero a falta de parecer cobardes decidimos hacernos los fuertes. De que sirve tanta armadura y tanta distancia si no sabemos convivir con ello. ¿Para qué? Y luego, a solas, cuando creemos que no hay nadie mirando empezamos a destruirnos, a hacernos daño con aquello que nos azota en los más profundo, con más palabras, con más pensamientos vagos y “sin sentidos” como este, que se desvanecen al mismo tiempo que lo hago yo.


dijous, 26 de desembre del 2013

¿Podemos estar más corrompidos? Hemos decidido aferrarnos tanto a nuestras propias utopías y convicciones que solamente nos estamos quedando con egoísmo. Movilizamos millones por pintar líneas y no por luchar contra leyes como la del aborto. Parece que salir e huir sea la única opción, o de entre todas la mejor alternativa. Estamos llenos de arena y cerramos la ventana esperando que no entre más, pero seguimos con la que teníamos dentro. No estamos limpiando la mierda, no estamos creando un mundo mejor, no estamos luchando por mejorar la sociedad y las conciencias, estamos luchando por alejarnos y amurallarnos. Por ayudar a fuera y vivir mejor nosotros. Supongo que no es fácil, cada uno piensa lo que quiere, como quiere o como alguien ha decidido que así sea. Pero hay cosas que no tendríamos que permitir, como la libertad de pensar y decidir por uno mismo, la libertad de recibir una educación libre y sin juicios sociales de moral ni de religión. ¿Cómo seguimos aquí sentados? ¿Cómo podemos permitir que a pesar de poder conseguir un folio en blanco y llenarlo con algo mejor esperemos que otros lo hagan? ¿Porqué colgamos banderas del balcón y no pancartas? Me jode el prejuicio de los tópicos y de los sitios, como si el origen te hiciera ser quien eres. Como si fuéramos mejores que los demás. Estamos demasiado corrompidos, demasiado saturados como para ver con claridad, pero yo no quiero vivir en un país mejor donde no tengamos problemas con conseguir trabajo y generar riqueza; quiero vivir en una sociedad donde uno pueda ser lo que quiera, donde no permitamos que la gente se muera, literalmente, de frío en la calle y nosotros estemos tirando la comida que nos sobra. Donde seas de donde seas puedas sentirte como en casa y puedas ser tu mismo. Quiero un mundo que no viva para destruirse todo el tiempo a sí mismo y a los demás. Estamos más pendientes de pintar líneas en la tierra que de limpiar las fronteras que tenemos en la cabeza. Me jode, sí; pero no tanto como los que hacen que tengamos que estar luchando todo el tiempo.

dijous, 14 de novembre del 2013

dissabte, 19 d’octubre del 2013

quiero cerrar ese círculo

Ya no somos gente triste, estamos solo en un bucle insignificante que viene y va, pero eso no lo es todo. Es otra fase. Todo sigue igual, a mejor y sin viento azontando. Está volviendo el frío, está todo como siempre, como debe ser. La esencia vuelve a ser solo eso, ya no hay medias sombras, esas que inventamos y que nunca estubieron allí, por ahora. Y eso de algun modo es bueno. Ya no está el salir a la calle y plantearse si eso puede ser el avance o el paso atrás definitivo. No hay puntos de inflexión, solo pausas. El mundo sigue igual de puteado y va a peor, nosotros vamos a peor. Pero creo que por una vez, otra vez en esta pausa, eso no se convierte en el fin. Es raro volver a los ataques, a no saber que arde en las entrañas, en no saber como empezó todo esto, pero ahora el enfoque es distinto. No me siento corrompido, no me siento traidor, no me siento a punto de desvanecer entre viento y dejar que me arrastre. Estoy a punto de soltar yo el viento, a dejarme llevar por él y no ser arrastrado. Siento que las cosas están cobrando sentido, veo el porqué llevo tanto escribiendo para nadie, veo que esa nada a la que le escribia era yo mismo. Me siento libre, me siento sin cargas. No hay un quizás de doble filo de los de siempre, está vez no. Los dos años que planteaba cuando por primera vez lo escribí como escape llegan ahora, después de cuatro años perdido. Empiezo a ver, a verme desde otra perspectiva distinta. Y creo que he llegado a ese lugar, de momento.

  a mi madre

dijous, 3 d’octubre del 2013

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Vuelvo a ese estado oscuro, 
sucio y recóndito. 
Allí donde no queda nada, 
solo un agujero. 
Cojo aire, lo mantengo y se va. 

Empiezo a notar de nuevo el frío, 
el frío de los abrazos, 
de los pasos de la gente, 
de mi. 

Y no hay quizás,
no hay posibilidades. 
Me encierro en ese agujero, 
busco el aire perdido, y, 
y solo me encuentro con mi frío. 


Soy yo a dos pasos de mi, solo, rodeado de gente.

dimecres, 18 de setembre del 2013

raro.


“Sé normal”. Me lo dijo así, de golpe, añadiendo un simple “o intenta parcerlo”. Eso caló muy hondo, eso me quemo por dentro y quise aniquilar a esa subespecie de persona que se creía en derecho a elegir, o etiquetarme de raro simplemente por no ser como él. Por no tener ese tipo de padres conservadores, por no tener esa familia unida e inquebrantable, por no llevar los tejanos típicos y sobretodo, por no ser como era él. Luego empezó a exigir otro tipo de cosas, lo único que dejó intacto fue el color de mis ojos, parece que le dan miedo por ser demasiado fríos, y parece que eso le gusta, alguien que no transmita nada con la mirada.
Se ve que solo aquellos que pueden clasificar con etiquetas estúpidas son los únicos que no pueden recibirlas, eso sería demasiado y demencial. Sería cretino e impertinente por nuestra parte responder a una agresión constante. Resulta que solo aquellos que se creen mejores pueden serlo. ¿Y los demás? Los demás solo formamos su paisaje, somos los teloneros, el público y la función. No valemos para nada, no tenemos derecho a nada, solo a ser observados, a ser maltratados y a dejar que otros nos controlen. Y quizás ese es el problema, que no valemos nada porqué no queremos ese tipo de valor, ese valor que se da a los objetos en función de su calidad, de su coste y de su aspecto. Quizás por no querer entrar en el juego nos quedamos como piezas del suyo. O eso es lo que deben creer cuando entre carcajadas paran un momento para observar tu lamentable aspecto “raro” y luego seguir con sus risas a través de ti. 
Creo que su problema es no saber vivir solo. No saber estar sin gente todo el tiempo que este dispuesta a entregarse a su causa inútil a mi parecer. Por no tener esa sensibilidad por cosas que no son nada más que objetos que han adquirido, por no tener esa capacidad de emocionarse con canciones de cuatro acordes. 
Añado: El término “raro” se aplica para ambas partes. Los raros son ellos también. Los serán siempre que alguien no sea como ellos, lo serán cuando sean capaces de contaminar un parque natural con sus botellas y te griten por tener tu cuarto desordenado. Lo serán cuando te acusen de ser el raro, y lo seguirán siendo cuando te desprecien y al mismo tiempo se desprecien a ellos mismos. 
Los raros somos todos.
Nadie puede querer ser raro, ni nadie puede dejar de serlo. Aunque esto, para muchos, es relativo según su esquema social, según el patrón de comportamiento que tienen que seguir en todo momento. Por eso de no ser “políticamente correcto”. Y bueno, no he encontrado ese esquema que sigue un régimen autoritario creado por una élite de traumatizados que quieren que todos vivamos a su manera. Aún no encontrado tampoco en ese régimen nadie que sea capaz de ser siempre “políticamente correcto” todo el tiempo. ¿Quién coño decide el régimen y quién es tan sumiso como para asumirlo? 
Todos. Pero nadie lo va a reconocer. Después de todo queremos ser raros sin ser despreciados, queremos ser raros porqué ser raro solo resulta ser uno mismo sin prejuicios. Queremos ser raros sin ser raros para nadie. Y en las rarezas yacen todos los detalles que, por miedo a ser descubiertas, tenemos escondidas de nosotros mismos y de los que pueden impedirte ser quien eres.
Pero en mi utopia existe eso de no obedecer a las conductas sociales, a lo que está bien porqué siempre ha sido así, a dejar de hacer lo que queremos por la opinión pública. No sé puede vivir con miedo a dejarse llevar, a estar demasiado borracho para ocultar lo que somos, a no poder estarlo por miedo a ser descubierto en ese estado “lamentable”. Y todos los sábados, esos que nos miran raro aparecen con sus vasos en las manos, con sus elegantes y mejores galas dispuestos a tener “una gran noche”, a tenerla a costa del alcohol y las drogas que luego no se pueden tomar de día porqué eso es de degenerados y desvergonzados. - Sé que pensaría mi padre de todo esto, que eso son excusas de drogatas y gente perdida para encontrar una razón. Él ha encontrado esa razón en la política, en el engaño, en la manipulación, en la hipocresía, y al parecer se esta añadiendo la religión “porqué nunca se sabe”. Al parecer yo de mayor voy a ser como él, que mi utopia morirá por ser simplemente eso, algo irrealizable, y que mi trauma me hará perderme hasta no poder saber a donde voy. ¿Pero sabes? Ahora tampoco lo sé, ahora no sé si estoy eligiendo rumbo, camino, futuro o si esto es solo una manera fácil de huir de aquí. Quizás solo estoy buscando tolerancia, quizás solo quiero ampliar mis miras, o quizás lo único que quiero es que dejes de tratarme como un un tipo raro e incomprensible. Pero eso me importa poco, tu opinión es casi tan lamentable como las mentiras contaminadas de la televisión y la prensa. Es casi tan lamentable como que te hagas político para sentir que aún controlas y tienes autoridad sobre alguien. Casi tan patético como es que tu tolerancia sea igual que la de todos los que viven por poner etiquetas. 
O no, al final tendrás razón en todo, yo seré el patético, yo estaré perdido y tu vendrás, exaltado por la emoción de estar en lo cierto y sacarás la carcajada al ver mi estado lamentable. Cuando lo único que a veces necesitamos todos es que nos miren y nos ofrezcan ayuda, sentirnos que podremos salir del pozo. Y a veces el pozo simplemente lo crean los demás para auto-convencerse de que son normales y que tu has entrado en bucle, un bucle que te está matando.
Eh, y tu, hablo contigo, tu también eres raro.