Odio tanto, tanto, tanto, que a veces me olvido de hasta como querer a la gente, o como no odiarla. Odio tanto, que a veces no quiero dejar de odiar. Pero a pesar de todo, soy un cacho de pan que se rompe con solo mirarlo.
Jamás entendí tu manera de querer(me). De tu constante huida de mi, siempre. Te veo, me ves y te largas. Ni me miras, ni me sonríes, no existo. Odio que me digas te quiero como si fuera enserio, que yo me lo crea y que tu te vayas sin más. Pero es lo único que he conocido contigo, lo que me gusta supongo. No me imagino viéndote cada día, ni haciendo de nuestras vidas un pastelón. Pero tampoco puedo seguir así. No puedo ver como te vas y me desmonto, arreglo un poco mi yo y rehago un poco mi vida, para que luego vengas y me vengan ganas de dejarlo todo, toda mi tranquilidad por estar contigo. Aunque no me importa, te quiero como no lo he hecho nunca. Hasta cuando creo que no, es así. Te quiero mucho y por eso no me importa y aún sigo escribiéndote cosas que creo que nunca te vas a leer.
Mi avaricia hace desear cada vez más el verte. Aumenta mis ganas de todo. Salir a la calle y romper con todo lo que se me cruce, y encontrarme con alguien que me pare y me diga: “eh tú, tranquilo que todo va a salir bien, y si no ya nos inventaremos algo. Respira que ya he llegado”. Y hacerlo, respirar y dejarme caer como un peso muerto. Estirarme donde sea y solo dejar pasar las cosas, la gente, las nubes, mis estados antipáticos. Escribir como antes sin parar, con ganas y sentir que lo que hago le importa a alguien. Descubrir de una maldita vez porqué coño vivimos y porqué la vida es una puta. Que se vaya esta sensación de melancolía y no sé que más que me tiene harto.
Odio e infinito desprecio. Sin más ganas ya de verte. Muérete o haz algo, pero deja de joderme y luego ir tu de victima. Nunca me habían hecho sentir tan asqueroso como hoy, y todo por tu puta culpa, así que déjame. Vete. Para. Que luego me vienes de que no te respondo, que estoy ausente, que no te quiero ver. Que si te mueres de ganas de verme. ¿Eso te lo crees tú? Me desprecias, me haces sentir como una mierda y luego vuelves como si yo fuera el gran hijo de puta. Anda, vete y para. Eres tú el que engaña a los demás, el que necesita a quién follarse, el que tenia problemas. Yo no. Así que asúmelo, y para de una maldita vez. O al menos no me hagas sentir inferior ni cosas de este palo para subir tu ego y tus ganas de sentirte mejor, porqué si te funciona, eres un ser despreciable.